Los flechazos fallidos de Tinder

Cupido no siempre da en el blanco. De esto pueden dar fe parejas que se enamoraron a primera vista, y también algunas que se atrajeron con el primer “match” en Tinder.

Si bien en esta famosa aplicación de citas por internet se han escrito muchas historias felices, asimismo algunos de sus usuarios no han corrido con la misma suerte. Entre estos se incluyen “tinderianos” dominicanos que hoy se han llenado de valor para compartir sus testimonios.

A ellos (aunque no estemos empleando sus nombres reales) dedicamos este Día de San Valentín, deseándoles mayor suerte para la próxima.

Don’t stop believing. Ana (39 años)

 “Conocí a un chico más joven que yo en Tinder, que vivía a 3 horas de mi ciudad (Santo Domingo). La distancia no me importó porque cuando eres divorciada no siempre tienes las mismas oportunidades, aunque suene feo. Él y yo llevábamos unos días hablando y luego acordamos vernos en persona un fin de semana. Yo estaba muy nerviosa porque era mi primera cita tras mi divorcio. Y también porque él me atraía mucho, por lo divertido que parecía ser.

Nos encontramos en un pequeño bar de la Zona Colonial, él me invitó unos tragos, hablamos y conectamos de inmediato. No podía creer que alguien como él se había fijado en mí.

En un momento se levantó de la barra y pidió al bartender que pusiera la canción “Don’t stop believing”. Entonces me tendió el brazo, invitándome a bailar,  y  por supuesto que lo seguí. Y mientras bailábamos al ritmo de Journey se acercó a mí y nos besamos. La verdad es que la estaba pasando muy bien. Hasta que él decidió arruinarlo todo, vomitando en mi boca. No lo podía creer. Me quedé en estado de shock. Luego lo miré muy enojada y me fui del bar”.

La pizzería equivocada. Luis (25 años)

 “Soy un usuario activo de Tinder. Parezco masoquista. Porque puedo afirmar que todas mis relaciones fallidas han salido de esta aplicación. Hace unos meses comencé a conocer a una chica que me parecía interesante porque la veía diferente a las demás. Era independiente y eso es muy difícil de encontrar hoy en día.

La invité a salir tras una semana de largas conversaciones; ella me había dicho que quería que fuéramos a cenar a su pizzería para que probara sus nuevas creaciones y por supuesto que dije que sí.

Llegué al restaurante y me sorprendí porque me había dado cuenta de que ya lo había frecuentado en ocasiones con “otras conquistas”. El lugar ya estaba cerrado, así que ella me llevó al área de la cocina porque ya había preparado “algo especial” para los dos. Me sirvió una pizza estilo Chicago, que al probarla me supo muy amarga, pero por educación no le dije nada.

Mientras hablábamos y pasaban las horas, notaba que ella recibía muchos mensajes. Yo no soy celoso, pero era algo extraño que su celular vibrara tanto a altas horas de la noche. Poco después recibió una llamada y dijo que tenía algo que hacer y que deberíamos juntarnos otro día. Yo le dije que no había problema.

Entonces, cuando estaba entrando en mi vehículo la vi salir por la  parte trasera de la pizzería e ir donde una persona que la esperaba en su carro. Me quedé confundido, hasta que vi que llegaron dos carros más y ella hizo lo mismo. En ese momento entendí de que se trataba todo y que la pizza no estaba amarga por el orégano, sino por otra cosa…”.

Si me ama como soy… Roberto (27 años)

 “Nunca había tenido una cita, pues no soy un hombre de buena apariencia. Un día decidí crearme una cuenta en Tinder solo para ver si mi suerte podía cambiar. Luego de varios meses en la aplicación no obtuve ningún match, pero antes de darme por vencido decidí utilizar mi última carta: una foto de un hombre de buen físico extraída de Google.

Ahora que lo digo en voz alta se oye algo tonto, pero en ese entonces estaba desesperado por atención, así que lo intenté. Había recibido 20 match en menos de dos días, parecía irreal. Comencé a hablar con muchas mujeres por un largo tiempo, y cuando querían conocerme en persona, yo inventaba excusas. Hubo una en particular de la cual me enamoré. Mejor dicho, los dos nos enamoramos, y después de unos meses hablando decidí armarme de valor e invitarla a salir por primera vez. Lo único que pensé fue que si ella me amaba de verdad me aceptaría como soy.

Cuando fui a buscarla a su casa ella salió y me preguntó mi nombre. Yo le dije que era Roberto, el que la invitó a salir. Ella no dijo nada y volvió a entrar en su casa con la rapidez de alguien que se había asustado. Desde aquel día nunca más supe de ella”.

El 911. Luisa (24 años) 

“No soy muy fanática de conocer personas por internet, pero un día quise probar la aplicación de Tinder solo por curiosidad. La había descargado semanas atrás y ya había hecho un match con un chico. Nos dimos cuenta de que estudiábamos en la misma universidad y decidimos juntarnos el mismo día en que hablamos por primera vez.

Recuerdo que  cuando lo vi me sentí muy feliz porque se veía igual de bien que en las fotos. Hablamos y nos reímos mucho. Decidimos ir a la heladería cercana a la universidad, y mientras cruzábamos la calle me percaté de que estaba hablando sola. Miré para atrás y me di cuenta de que él se había desmayado en el asfalto. Llamé al 911 para que pudieran asistirlo y luego varias personas me ayudaron a moverlo de la calle. Puedo decir que fue la peor cita de mi vida”.

Yo no soy relajo de nadie. Antony (21 años)

 “Hace unas semanas conocí a una jevita muy linda en Tinder. Duramos dos días hablando por WhatsApp y acordamos vernos en persona al día siguiente para ir a cenar. Fui a buscarla a la universidad y estaba muy emocionado, hasta que vi que ella entró en mi carro con una amiga, saludándome y presentándomela.

Pasaron unos minutos pero ella no me explicaba por qué había traído a esta acompañante. Para no ser grosero tampoco le pregunté si dejaba a su amiga en la casa de esta. Entonces seguí hasta el restaurante sin negar que por dentro me sentía incómodo por la compañía de la amiga y nervioso porque yo andaba con el dinero justo en el bolsillo.

Cuando comenzamos a ordenar la comida, la chica que invité a salir pidió algo sencillo: una ensalada. Pero la otra ordenó un corte de carne con una copa de vino, y para colmo, de postre pidió el chocolate más caro.

Yo me pasé la cena completa pensando en cómo era que yo iba a pagar todo eso. Ellas pidieron la cuenta y cuando llegó me la pasaron. Al ver su descaro y el monto a pagar yo me enfadé, me levanté y les dije: yo no soy relajo de nadie. Luego me marché del lugar”.

Sara Valerio

@saranoemi.valerio@gmail.com

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